La nueva política internacional impulsada por Donald Trump se ha convertido en un “sálvese quien pueda”. Este miércoles se acaba la prórroga que el presidente de Estados Unidos ha dado para la imposición de aranceles, y México, que manda el 80% de las exportaciones a su vecino del norte, vuelve a jugárselo todo para convencer al mandatario de conseguir un “trato preferente”. La estrategia de Claudia Sheinbaum, basada en un respaldo popular de más del 80%, en la calma y en exponer los resultados de su Gobierno en seguridad y migración, ya funcionó una vez, pero la volatilidad del líder republicano hace imposible saber qué relación comercial quedará después del 2 de abril.
En este mes de “pausa”, México se ha afanado en demostrar que ha hecho los deberes. Los cruces de migrantes irregulares hacia Estados Unidos se han reducido tanto que las detenciones en la frontera han caído más de un 90%, en comparación con el año pasado, y los decomisos de fentanilo, la gran obsesión de Trump, han alcanzado cotas históricas. Estos datos ya se los presentó el Gobierno mexicano a Kristi Noem, la secretaria de Seguridad de EE UU, en su visita a Ciudad de México, pero también están sobre la mesa en cada llamada y reunión que el Gabinete tiene en Washington, la última liderada por el zar de Seguridad, Omar García Harfuch.
“El pro de que en las negociaciones se mezclen las agendas es que México puede ofrecer cosas que para Trump son muy atractivas”, explica la experta en relaciones internacionales del ITAM María José Urzúa: “A Trump no le convence la racionalidad económica ni contarle que México es su principal socio comercial, pero sí le interesa verse fuerte en la seguridad fronteriza. Eso da al Gobierno de Sheinbaum un elemento negociador que otros países que se enfrentan también a los aranceles no tienen, porque no son sus vecinos, ni son el país de tránsito de migrantes y droga para llegar a Estados Unidos”.
Los más de 3.000 kilómetros de frontera compartida se han convertido así en látigo y ventaja. Sheinbaum lo sabe y pudo utilizarlo el pasado 6 de marzo, cuando consiguió una aplaudida prórroga en los aranceles tras su llamada con Trump. La pausa se decidió, escribió el mandatario republicano, “como una forma de adaptación y por respeto a la presidenta Sheinbaum”: “Nuestra relación ha sido muy buena y estamos trabajando duro, juntos, en la frontera, tanto en términos de impedir que los inmigrantes ilegales ingresen a Estados Unidos como también de detener el tráfico de fentanilo. ¡Gracias, presidenta Sheinbaum, por tu arduo trabajo y cooperación!”. Una fuente cercana al Gabinete ha confirmado a EL PAÍS que, aunque los equipos de ambos países se reúnan y conversen, todo se termina de decidir en esos 30 minutos que dura la llamada entre Sheinbaum y Trump. Es el único momento en el que, desde México, consideran que se puede hablar de negociación.
Esa búsqueda de acuerdos uno a uno, tanto a nivel presidencial como de país, es una “vieja estrategia de Estados Unidos”, basada en tener “una negociación bilateral en una relación trilateral”, apunta Pía Tarraceno, especialista en asuntos internacionales de la Universidad Iberoamericana: “Ese trato preferencial que intenta conseguir México busca dar certeza ante la incertidumbre de Trump, pero también suena a otras épocas antes del TMEC”. El tratado de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá sigue siendo el marco jurídico, pero pasa a un segundo plano en el momento en el que Trump alza el garrote.
Sheinbaum ha invocado en varias ocasiones en público los beneficios del TMEC y de que los tres países “se mantengan juntos”. La última vez, este mismo martes en una llamada con Mark Carney, el primer ministro de Canadá, en la que ambos líderes “acordaron mantener el diálogo y coincidieron en la importancia de la integración económica de Norteamérica”. Sin embargo, como reflexiona María José Urzúa, ni México ni Canadá han invocado a los mecanismos de resolución de controversias, pensados en el mismo tratado, para tratar de parar las intentonas de Trump: “Nadie se quiere meter en ese pleito con Trump, pero EE UU está violando de manera repetida el TMEC. Eso vuelve al tratado como un zombi, porque está ahí, pero ya no son sus reglas del juego las que rigen realmente la relación trilateral”.
Las expertas reivindican que México ha llevado una “mejor negociación” ante Trump que Canadá, que está, por otro lado, inmersa en sus próximas elecciones. La economista de la UNAM Isabel Osorio apunta también que “México tiene más opciones, puede tirar aún para más lados que Canadá, porque en Latinoamérica falta un líder en la región, que podría ocupar el país, y también tiene un acuerdo de integración muy profundo con la Unión Europea”. Además, recoge Osorio, “Sheinbaum guarda todavía un as bajo la mano: nunca ha divulgado cuáles serían los sectores productivos a los que México podría poner aranceles, los bienes que más daño hagan a la economía estadounidense y menos a la mexicana”.
El escenario de un México sin aranceles parece ahora lejano. Las especialistas en relaciones internacionales dudan que incluso desde el Gobierno se contemple la opción de una exención total, “sino pertenecer al grupo de los privilegiados que los reciba un poco más bajos”, apunta la académica del ITAM. Pero las tres recogen el carácter imprevisible que gobierna al vecino del norte. Será a partir del miércoles cuando se conozca a quién Trump le tira un salvavidas, si es que hay alguien.